La estación presta pocos minutos: el vendedor de periódicos mira el reloj, la fila avanza, y tú sigues buscando una palabra que huela a pan caliente. La tinta corre despacio sobre el cartón, absorbe tu respiración, y promete quedarse cuando todo lo demás siga viajando.
La estación presta pocos minutos: el vendedor de periódicos mira el reloj, la fila avanza, y tú sigues buscando una palabra que huela a pan caliente. La tinta corre despacio sobre el cartón, absorbe tu respiración, y promete quedarse cuando todo lo demás siga viajando.
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